viernes, 29 de julio de 2011

el enemigo perfecto

Hay un bicho en la pared. Me observa.
Mueve las antenas despacio, y se relame las patas amarillas. "Lo aplasto con un zapato", pienso. Antes de que yo me pueda mover, el bicho de despega de la pared un poco para verme.
Me observa.
Lo observo.
Lo miro, quieta. Pero, ¿cómo saber que me está mirando?
Me remuevo en la cama. Él mueve las antenas. Mueve las tenazas de su boca, como queriendo hablar.
Me asusta.
Su pequeño cuerpo café se remueve inquieto. Avanza.
Baja despacio la pared, con cuidado.

Hay un bicho en la pared, me observa.
Se ha escondido en las persianas.
De noche avanza y se sienta en mi cama.
Lo observo, me observa.
Pero nunca sé si me regresa la mirada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario