jueves, 28 de julio de 2011

monotonía

Cuando menos nos damos cuenta, la monotonía ya nos ha alojado en sus enormes y cansados brazos. Es así que un día normal abres los ojos, te levantas, vas a donde mismo, y terminas lo mismo que terminaste ayer.

Miras a la ventana y el cielo está claro: quiere decir que tu turno acaba de empezar. Tecleas las interminables letras del sistema, cuelgas la llamada. Miras a la ventana y el sol ya comienza a calar: quiere decir que apenas va medio día. El sol golpea en la pantalla del ordenador y te comienza la migraña. Sigues tecleando las incansables letras del monitor del sistema, cuelgas la llamada. Miras a la ventana y el cielo ya está oscuro: quiere decir que ya pronto te vas.
El sistema te llama y te dice que te faltan cinco minutos para irte. Que ya es hora. Que hace cinco minutos te debiste de haber ido.
Tecleas un adiós, cuelgas la llamada, te despides del elenco de hoy, gracias señores, todo salió como planeamos. Y luego a esperar.

La escenografía cambia tan normal, tan rutinaria. El más mínimo error y todos lo notan.

Te saltaste dos líneas, pon atención, eso no estaba en el guión.

Por eso hoy cambio. De blog.
Porque si de esta manera puede ser distinto y a la vez igual, a lo mejor el director ni lo nota.

Mañana, a lo mismo.

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